¿Cuáles son las principales afecciones del viajero internacional? Te ofrecemos las claves para prevenirlas

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Viajar es uno de los mayores placeres conocidos. Descubrir otros lugares: gente, tradiciones, paisajes, culturas… Más de 3.000 millones de pasajeros viajan cada año en un avión en busca de estas nuevas experiencias. Viajar es sano para la mente y para el alma. Pero, ¿es sano para nuestro cuerpo?

Cada vez que nos desplazamos a un nuevo destino nos exponemos a cantidad de factores adversos que pueden afectar a nuestra salud. El clima, la higiene, la alimentación, los parásitos… cualquier bacteria a la que no estemos acostumbrados puede suponer un trastorno temporal o, en el peor de los casos, permanente.

Las principales causas de peligro durante un viaje son los accidentes, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades transmisibles. Dentro de estas últimas, tal como afirma Noticias de la Ciencia, destacan las enfermedades dermatológicas (como fiebre amarilla, malaria o dengue), gastrointestinales (diarrea) y respiratorias (influenza) por ser las más comunes entre los viajeros.

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Por eso es sumamente importante conocer siempre los riesgos potenciales a los que nos enfrentamos antes de realizar un desplazamiento a otro país. Informarse de las afecciones comunes de la zona y vacunarse (o actualizar las vacunas ya recibidas) siempre que sea posible son las medidas de prevención básicas para cualquier travesía. La Organización Mundial de la Salud y los Centros de Enfermedades, Control y Prevención son dos fuentes útiles de información para ello.

Entre estas medidas se incluye también mantener una higiene estricta, beber líquidos previamente embotellados, evitar los alimentos crudos o sin pasteurizar, no bañarse en ríos ni zonas de agua estanca y equiparse con un botiquín adecuado. Según Enfermedades del Viajero, del Doctor Luis Carlos Aguilar, un botiquín de viaje debe siempre incluir:

  • Analgésicos-antipiréticos (para dolores, resfriados y febrículas)

  • Antidiarreicos (como la loperamida, que actúa como inhibidor de la motilidad intestinal, o el ciprofloxacino o metronidazol, que son utilizados en casos de diarreas infecciosas. Así como soluciones para evitar la deshidratación en las diarreas, y laxantes, supositorios de glicerina y salvado de trigo en caso de estreñimiento)

  • Antihistamínicos y anticinéticos (los antihistamínicos tópicos se usarán en caso de mordeduras, picaduras y alergias, mientras que los anticinéticos se utilizarán para el mareo)

  • Repelentes de insectos

  • Pomadas de corticoides (como hidrocortisona, para tratar alergias y picaduras)

  • Jarabe de codeína y dextrometorfano (en caso de tos seca o improductiva)

  • Antiácidos de sales de aluminio y calcio (para hiperacidez de estómago y pirosis)

  • Colirios

  • Protección solar

  • After-sun

  • Pomadas antiinflamatorias (para esguinces, distensiones y golpes)

  • Material de cura (gasas, vendas, esparadrapo, tintura de yodo y puntos de sutura, así como accesorios tipo pinzas, tijeras y termómetro)

En caso de que las medidas de prevención no hayan logrado evitar el trastorno, contar con un buen seguro de viaje es vital a la hora de embarcarse en cualquier aventura. Y es que de los más de mil 100 millones de viajeros registrados en 2016, el 10 por ciento requirió de una consulta médica durante su estancia en el extranjero. Esto son nada menos que 10 millones de personas que tuvieron que ser atendidas durante sus vacaciones.

Por este motivo, debemos aprovechar siempre las medidas que están a nuestro alcance para disfrutar del placer de un viaje… sabiendo al mismo tiempo preservar nuestra salud.

 

 

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